Había una vez un hombre que caminaba de noche por un camino desconocido. Llevaba una pequeña linterna, pero la luz que emitía solo iluminaba unos pocos pasos adelante.
Inseguro, pensaba: "¿Y si hay un agujero? ¿Y si el camino se acaba? ¿Cómo puedo seguir sin ver todo?"
Pero, a medida que caminaba, la luz revelaba poco a poco el camino. Cada paso dado permitía ver el siguiente. Se dio cuenta de que no necesitaba ver todo el camino, solo confiar en la luz de la esperanza.
Pero confiamos en que Dios iluminará cada paso en el momento justo. Como peregrinos en esta vida, a veces queremos respuestas inmediatas, pero Dios nos enseña a caminar con fe.
Esta mañana, somos invitados a confiar en la luz de la esperanza, que nunca falla. San Agustín se dejó guiar por la luz, por Cristo. Seamos tu y yo luz para los demás.