Mirar como tú miras, con los ojos claros y limpios,
coprendiendo siempre al hermano: coherencia.
Saberse discípulo, no tenerse por maestro,
y gozar del aprendizaje diario: coherencia.
Conocer a los árboles por su fruto,
no esperar higos de las zarzas ni uvas por los espinos: coherencia.
Almacenar bondad en el corazón,
cultivar una solidaridad real y sentir que nos desborda el bien: coherencia.
Reconocer que no todo es tierra firme, construir sobre roca nuestra casa,
no tener miedo a huracanes y a riadas: coherencia.
Admitir la pequeñez y los fallos propios, extirpar la viga de nuestro ojo,
no humillar al hermano por no ser como nosotros: coherencia.
Poner por obras tus palabras, hablar con el lenguaje de los hechos,
olvidarse de máscaras y apariencias: coherencia.
Coherencia, Señor, de un aprendiz de discípulo que a vees se atreve a tenerte por maestro.
Florentino Ulibarri