¡Hola, qué tal, cómo estás!
Comenzamos una nueva semana, estamos a primeros del mes de marzo y este próximo miércoles los católicos celebran el Miércoles de Ceniza. Sí, ese día en que muchos fieles se acercan a las iglesias para que les impongan la ceniza.
Es curioso cómo esta tradición todavía se mantiene viva en el pueblo de Dios ya que, luego, el resto del año, la relación de muchos de estos fieles con la iglesia, con su parroquia, sea muy esporádica.
De todos es conocido que, con el signo de la imposición de la ceniza, comienza la Cuaresma, los cuarenta días que preceden a la Semana Santa. Un tiempo para pensar, reflexionar, orar sobre nuestra forma de ser y actuar como seguidores de Jesús.
Un tiempo de conversión, de plantear un cambio en aquellos aspectos de la vida que no van de acuerdo con lo que Dios propone para que los hombres y mujeres sean felices y alcancen la vida eterna.
De ahí que sea necesario avanzar cada día en el encuentro con el Señor y, la Cuaresma, es un buen momento para hacerlo porque, como dice Agustín en el texto siguiente, hay que ser oidores y también trabajadores.
“Los cristianos siempre deben buscar el avanzar hacia Dios cada día y gozar siempre de Dios y de sus dones. Debemos calcular nuestras ganancias cada día. Debemos ser no sólo buenos oidores, sino también diligentes trabajadores. Esta escuela de vida, donde el único maestro es Dios, busca alumnos dispuestos que no abandonen, sino que permanezcan devotos”
(Sermones 16 A,1)
Oración
¡Dios, en su bondad, puede concedernos estar afligidos, puestos a prueba si no hacemos progresos!
(Sermones 16 A,12)