Domingo II de Cuaresma

Escrito el 16/03/2025
Agustinos


Texto:  Javier Antolín, OSA
Música: Crying in my beer. Audionautix

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía lo que decía.

Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.

Y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

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Reconforta sabernos amados por Dios

Estamos en el segundo domingo de cuaresma y se nos invita al igual que a Pedro, Santiago y Juan a subir a la montaña con Jesús a orar. No vamos solos en nuestro camino, sino que Jesús nos acompaña. Conviene que actualicemos este Evangelio. Todos nosotros en nuestra vida necesitamos experiencias como la que se nos describe, que podemos llamar de Tabor, de gozo, de plenitud, de salvación. El camino de la cuaresma termina en la Pascua, pero no se puede anticipar el final, sino que hemos de recorrer todo el camino, pero los discípulos, al igual que nosotros, necesitamos momentos de trasfiguración para encontrar la fuerza necesaria para bajar del monte y seguir afrontando con paz y alegría los acontecimientos de cada día. Es reconfortante vivir la vida cotidiana desde la experiencia de sentirnos y sabernos amados por Dios.

Creo que también se nos invita a exclamar junto con Pedro: “¡Qué bien se está aquí¡” conviene que nos detengamos y nos preguntemos ¿Estamos realmente a gusto en nuestro encuentro con Dios? Podemos realmente decir que estamos bien, y no solamente decírnoslo a nosotros, sino comunicárselo a otras personas que nos encontramos a gusto en la oración, es decir, que vivimos con gozo nuestra relación con Dios y no podemos por menos que comunicar esa misma alegría.

En el monte también hemos escuchado la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el amado, escuchadlo”. Comenzamos la segunda semana de cuaresma y conviene preguntarnos ¿Escuchamos con atención la Palabra de Dios? ¿La meditamos en nuestro corazón? ¿Nos dejamos interpelar por los acontecimientos diarios donde también nos está hablando? Nos reconforta saber que Dios ama y escucha a todos sus hijos.