Nuestros criterios religiosos, son copia de los humanos.
¿Qué precio tiene esto? ¿Qué sueldo recibiré por mi trabajo?
Nuestra fe es muy chata, de cálculos y rentas;
de esfuerzos medidos, para no pasarnos.
Luego pedimos la paga debida, porque es nuestra.
¡Nadie nos la ha regalado! Eso es justicia...¡aquí y en el cielo!
De repente aparece Jesús y nos da un vuelco al argumento:
"Un padre tenía dos hijos...uno se fue de casa, el otro quedó al abrigo.
El pequeño se miró por dentro y se dijo: ¡qué frío lejos de casa!
¿Seguirán reconociéndome como hijo?" Al menor, el padre, le puso el anillo.
La parábola de Jesús llega al fondo de nuestros corazones.
Nos toca donde nadie llega. Tú, ¿te sientes hijo?
Pedro Fraile