¡Hola, qué tal, cómo estás!
Comenzamos la tercera semana de Cuaresma y ya queda menos tiempo para celebrar la Semana Santa, la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.
Estos cuarenta días de la Cuaresma se plantean como una época para revisar la forma de pensar, sentir y actuar que tenemos cada uno de nosotros.
Seguramente, al iniciar este tiempo el miércoles de ceniza, nos habremos planteado ciertas cosas para revisar y cambiar en varios aspectos de la vida como son: la relación con nosotros mismos, con los demás, con Dios, con la casa común la tierra.
Y, a estas alturas del mes de marzo nos han podido pasar dos cosas; una, que todavía no nos hayamos puesto a revisar y, otra, que hayamos visto cosas que cambiar, pero no logramos hacer grandes transformaciones, y esto nos duele.
San Agustín nos anima a hacer frente a todo aquello que nos turba, a los hábitos y costumbres que tenemos que no nos ayudan a avanzar. Escuchémosle.
“Señor, a veces, me llenas de un sentimiento muy diferente al de mi estado normal. Esto me da un sentimiento interno de alegría tal, que si debiera alcanzar el cumplimiento haría en mi algo diferente de mi vida actual.
Pero la pesada carga de turbación me atrae hacia atrás. Me lleva a mis hábitos y me encuentro parado, lloro fuerte, pero soy retenido. El peso de los hábitos es una fuerza con la que hay que saldar cuentas”.
(Confesiones 10,40)
Oración
¡Me has acompañado en mi camino, oh Verdad, enseñándome qué evitar y qué desear!
(Confesiones 10,40)